¡Siempre el libro primero! ¿Siempre?
Recientemente se estrenó La Odisea, y en los almuerzos del trabajo, entre clase y clase o en alguna reunión, cuando todo el mundo empieza a hablar sobre la película, por ahí se cuela: “No hagan spoiler”.
Silencio. Miradas cómplices. Aparece la ironía.
Si en dos mil años no la leíste…
Entre Netflix, Prime, HBO y tantas otras plataformas de streaming que invaden nuestras pantallas, la cantidad de series, películas y documentales disponibles es prácticamente imposible de ver. Cada quien decidirá su lista de favoritos, ya sea por la dirección, el género, la trama, por quienes actúan o por cualquier otro interés particular. Pero cuando se estrena una producción basada en un libro, ¿es indispensable haberlo leído antes de ver la adaptación?
Los puristas literarios pueden incluso sentir ofensiva la pregunta. Desde su perspectiva, cualquier adaptación será de menor calidad: una traición a la literatura. Suerte que por aquí nada purista se asoma.
Sabemos que la literatura y el mundo audiovisual son lenguajes distintos. Mientras que, en los libros, a través de las palabras y mediante nuestra imaginación, nos sumergimos en las mentes de autoras y autores; en el cine, las imágenes, el sonido, el montaje, las actuaciones nos transportan al imaginario de los realizadores. Las series, que tanto nos enganchan, son un universo aparte. En ellas se pueden desarrollar las historias de los personajes hasta volverlos tan cercanos como si formaran parte de nuestro círculo más íntimo. Siendo lenguajes distintos que no se pueden equiparar; quizá es más relevante preguntarnos si la adaptación mantiene la esencia que se quiso transmitir en la obra original. Y si al hacerlo se logró transformarla adecuadamente al nuevo lenguaje.
Pienso en El cuento de la criada de Margaret Atwood. Si aún no lo leíste, ¡alerta spoiler! Durante la pandemia, cuando pude avanzar con varias lecturas pendientes, devoré el libro. No estaba al tanto de la adaptación televisiva; bastante tiempo después, un banner promocional me convenció de verla cuanto antes. Para ese momento acababan de estrenar la quinta temporada. Me pareció extraño. ¡Cinco temporadas! Es evidente que muchas veces las series se extienden por factores económicos. Pero ¿qué tanto da la obra original para explayarse por más de cincuenta capítulos?
Grande fue mi sorpresa al ver que la primera temporada cubría el libro entero y que las siguientes eran una especie de prolongación creativa. Aunque con varias licencias, esa primera temporada capta la atmósfera que Margaret Atwood plasma en el libro original. Una sociedad distópica que oprime a las mujeres. Un régimen teocrático que las somete a roles reproductivos o de servicio. Luego la serie crece. Se expande. Las siguientes temporadas nos presentan a una protagonista combativa, liderando actos de resistencia. Como una heroína contemporánea. Un personaje creado para conectar con miles de chicas jóvenes que no están dispuestas a soportar mandatos patriarcales obsoletos.
En Instagram, la cuenta oficial de Margaret Atwood bordea los cuatrocientos mil seguidores, mientras que la cuenta de la serie sobrepasa los novecientos mil. Más de quinientas mil personas siguen la cuenta de la serie y no a la autora.
¿Alguien sorprendido?
No todo es blanco o negro. No todo es correcto o errado. No tiene por qué serlo. Cuando una historia pasa del libro a la pantalla, no tenemos que sentirnos obligados a escoger entre leerla o verla. Son experiencias distintas. Lo interesante es que nos despierten la curiosidad y las fronteras entre ambos lenguajes se desdibujen.
P.D. Aún no veo Hamnet, la película dirigida por Chloé Zhao. Quiero leer la novela de Maggie O'Farrell primero.
Brissy Vibeke
Links de interés:
https://www.instagram.com/therealmargaretatwood/
https://www.instagram.com/handmaidsonhulu/
https://placerescompulsivos.pe/products/hamnet-maggie-ofarrell?_pos=1&_sid=f72a0466b&_ss=r