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¿Cómo leemos?
Hace unos años, en plena pandemia, una muy querida amiga –nacida millennial, obvio– me recomendó comprar un Kindle. Al principio, la novedad, el formato, el poder acceder a prácticamente cualquier libro en el momento, me hizo creyente.
Que el camino sea largo
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo
Así comienza uno de los poemas más conocidos del griego Konstantinos Kavafis (1863-1933): Camino a Ítaca. El poema enuncia un deseo a contramano del mandato de la época actual. Si hoy la cuestión es ir rápido, lo más rápido posible, rumbo al objetivo −que ha de ser el éxito− el poema elogia los rodeos, las vueltas, los hallazgos inesperados. El camino en lugar del atajo.
Las partes de un todo
Llegó hasta mí, de esa manera misteriosa en que llegan las cosas buenas, una antología de poesía italiana contemporánea. Su título, esa puerta de entrada a lo nuevo tantas veces franqueada, apenas deja ver que se trata de catorce poetas. Y de que la poesía que late en sus páginas es attuale. Esta vez la llave para abrirme paso en la lectura es la edición bilingüe, la posibilidad de leer a la izquierda la versión original y a la derecha la traducción al español. Y el hecho de darme cuenta de cuán poco llega a nuestras orillas la poesía escrita hoy en Italia. Hoy, ya sabemos, es un período que va desde los años sesenta hasta este primer cuarto del siglo digital.
De Recetas, Tertulias y Podcasts
Antes de TikTok e Instagram, antes del mismísimo Internet, antes de la televisión y la radio, cuando el teléfono daba sus primeros timbres, las mujeres encontraron en las cartas y las tertulias el telar que las unía. Alrededor del mundo, las mujeres desde siempre han armado redes en torno a la cultura y el arte.
El tiempo, sus formas.
Ayer volvió a pasar. Ayer volví a ser testigo de cómo el tiempo no es lineal. Podría decir circular, si es que algo se cerrara alguna vez, pero quién sabe, si nada es para siempre. Diré mejor que el tiempo es una medusa en movimiento y que, de vez en cuando, tenemos la suerte de que se quede quieta unos segundos en nuestras manos, con su tacto helado y gelatinoso. Ayer fue una de esas veces.