Una dosis de terror
Ahora que estrenaron Mis muertos tristes, la adaptación de relatos de la escritora argentina Mariana Enríquez. Ahora que es octubre y el terror envuelve el ambiente con calaveras, vampiros y brujas por doquier.
Ahora, quiero compartir una dosis de terror femenino.
Un pequeño repaso por la vida y obra de dos autoras que marcaron lineamientos dentro del género y en la literatura universal. Un repaso para que, cuando hablemos de terror, Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, Bram Stoker o el siempre vigente Stephen King, no sean los primeros nombres que vengan a nuestra mente.
Quizá Mary Shelley sea la más reconocida. Con dieciocho años escribió Frankenstein o el moderno Prometeo. La historia cuenta que, en 1816, conocido como el “año sin verano”, Mary, junto con un grupo de jóvenes bohemios vinculados a las letras, se refugiaron en una mansión en Suiza. Y, para entretenerse, se retaron a escribir una historia de miedo. ¿Cuán diferente sería en estos tiempos? Frente a una anomalía climática, jóvenes de veinte años seguro estarían transmitiendo desde TikTok situaciones de ecoansiedad, mientras piden comida por delivery.
Así nació Frankenstein. Nació. Enfaticemos el factor útero. Nació de una escritora.
Más de doscientos años después, el libro se sigue imprimiendo. Además de las múltiples adaptaciones llevadas a las pantallas desde el surgimiento del cine. Y, solo como para tomar nota, todavía hay quienes cuestionan (por suerte, un sector muy reducido) la autoría de Mary Shelley: ¿cómo una joven con menos de veinte años podría haber escrito semejante obra literaria? Digamos que su madre fue Mary Wollstonecraft.
Del nacimiento de la criatura al terror cotidiano.
Cuando apareció en The New Yorker “La lotería”, centenares de cartas de indignados lectores, reprochando el relato, llegaron a la redacción de la revista.
La responsable: Shirley Jackson.
El argumento: un pueblo cualquiera de Estados Unidos. Una comunidad reunida para mantener su tradición. Una vieja caja de madera con cientos de papeles y solo uno marcado con el punto negro. Y un plot twist que te derriba.
La paradoja: el símbolo máximo de la buena fortuna le ofreció a Shirley Jackson solvencia económica, la puso en la mirada pública, pero a cambio le entregó el rechazo colectivo.
No es lo sobrenatural lo que nos aterra en “La lotería”. Es lo cotidiano. Es normalizar costumbres o rituales que han quedado desfasados. Es que en un breve relato se expone la macabra naturaleza del ser humano. ¿Te animas a jugarla?
Por este lado del mundo y desde hace unos años, los monstruos, vampiros y brujas se han transformado, dando paso a un terror que se presenta como el reflejo de la sociedad latinoamericana. La violencia de género y el feminicidio, la maternidad impuesta, la vida doméstica, la violencia social y de las dictaduras, la migración, el horror corporal, la naturaleza salvaje desafían a los clásicos del terror. A buen galope, el terror latinoamericano escrito por mujeres va ocupando catálogos, vidrieras y mesas de exposición.
Para probar una dosis de este terror, puedes empezar por aquí:
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Temporada de huracanes: Fernanda Melchor - México
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Pájaros en la boca y otros cuentos: Samanta Schweblin - Argentina
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Las cosas que perdimos en el fuego: Mariana Enríquez - Argentina
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Mandíbula: Mónica Ojeda - Ecuador
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Cadáver exquisito: Agustina Bazterrica – Argentina
Después de leerlas, sin duda, querrás aumentar la dosis.
Brissy Vibeke
Link de interés:
https://placerescompulsivos.pe/search?q=terror+